- QUINTA DA DESESPERANÇA -

 No existiría la esperanza sino fuese posible cumplir los sueños.
Sin estos, tampoco existirían las maravillosas creaciones del hombre,
ser que discurre entre la frágil linea del todo y la nada, la vida y la muerte,
 destinos compartidos a la desesperanza de un presente impredecible.

Esta Quinta romántica revivalista inspirada en palacetes europeos,
se vanagloriaba de ser la opulencia, la joya, el ostento del s. XIX.
Nació como cuento de hadas para no tener velo incluso para si misma.

 Bienvenidos a la Quinta da Desesperança.









Este palacete nació por culpa de un viaje y un sueño de quien lo realizó. 
Era 1875, Norte de Europa, sin las comodidades de hoy y la autenticidad 
del ayer para un hombre de Estado e influyente portugués llamado Marçal.

Su inspiración le vino al ver todo eso que en su Portugal natal no existía.
 Torres, jardines, pinturas de caliz vegetalistas, madera tallada, cerámica, etc.
Con motivo de recibir en un futuro al penúltimo rey portugués y su familia,
se propuso crear su obra, dotándola de todas esas vivencias y admiraciones.
 Pero la muerte tenía otros planes, separó a la inspiración de la obra inacabada,
al creador que no vería su palacete acabado ni recibiría visita real alguna.

     
La história del lugar sobreviene a nuestros sigilosos pasos en la planta baja.
El salón principal, decorado al mínimo detalle, sobreexcita los sentidos.
Una pequeña estancia abovedada aparece por el pasillo con una corona real.
Todo lo que vemos es legado de grandeza, legado de magnificencia.

Tras la muerte de Marçal, en 1920 un rico banquero adquirió la propiedad.
Dotándola de todo lo indispensable, poco la pudo disfrutar ante una crisis 
financiera mundial que le obligó a la insolvencia y pérdida de su fortuna.
Su palacete le fué confiscado en pos de deudas y desfalcos bancarios, fué
absorbido por otro banco y por otro nuevo rico que se hizo con el inmueble.
Este, hasta su fallecimiento en 1948, la dejó en herencia a su hijo, que la
vendió en 1981 a una sociedad que preveía proyectos culturales en ella.
 No hubo inversión, no hubo proyecto, tampoco nuevo inquilino.
Su futuro estaba en pos de su suerte, desesperanzada suerte. 

Subimos escaleras arriba para apreciar el primer piso y azotea.

Quinta da Esperança fué bautizada en un principio pero, es con el nombre
de Palacio da Pipa o Fonte de Pipa como la conocen los lugareños.
Es de esa fuente de antiguo que se dice que el pueblo bebía.

También se le atribuyen fenomenos paranormales, apariciones
por una ventana de la torre la hija de un propietario fallecido o,
se dice que en esta propiedad, están enterrados los cuerpos de la 
gripe española neumónica en la cual vagan sus almas perdidas.

Con todo el respeto que el tema merece, personalmente a mi solo me 
acojonó algo agazapado, medio moribundo, sin poder moverse y sin 
haber percatado su presencia, el ladrido de un perro cuando ponía el pie
 en el primer escalón para subir, extremeciendo y paralizandome
hasta lo que no sabía que existía en mi cuerpo y alma.
Los peores fantasmas no son los muertos, son los vivos.

El primer piso seguía siendo una maravilla arquitectónica.


Varias estancias se comunicaban a través del pasillo lateral


hasta comunicar de nuevo con la escalera y apreciar su tragaluz.










CUANDO VISITAS UN LUGAR COMO ESTE, DONDE CADA PASO
Y SENSACION SE VIVEN DE UNA MANERA SOBREDIMENSIONADA,
EMOCIONAL E IRREPETIBLE, NO SOLO TE LLEVAS LA EXPERIENCIA
O LAS FOTOGRAFIAS, DEJAS TRAS DE TI UNA PARTE INCONSCIENTE
DE ALGO QUE JAMÁS PODRÁS OLVIDAR POR LO VIVÍDO.
 Y SI AÚN TE CABÍAN DUDAS DE LO QUE SENTISTE AL VISITARLO,
SOLO NECESITAS UNA DESESPERANZADA NOTICIA DEL LUGAR
PARA AÚN MÁS SI CABE, SENTIR QUE TAMBIEN PIERDES ALGO.

HOY, TODO EL INTERIOR Y TEJADO DE ESTE PALACETE, YA NO EXISTE.
ESTE DESESPERANZADO REPORTAJE SE HIZO MESES ANTES
DE QUE LAS LLAMAS CONSUMIERAN UN PEDACITO DE HISTORIA
QUE YA NO EXISTIRÁ Y QUE LEGARÁ EN UN FUTURO LO QUE FUÉ.
LA PÉRDIDA RESULTA BRUTAL E IRREFUTABLE
DONDE EL LAMENTO NO TIENE CABIDA. R.I.P.